Vacaciones en Galicia: sendas por las Rías Altas con base en un piso turístico
Quien haya pasado una semana en Galicia sabe que acá la luz y las mareas mandan. El plan que suena perfecto por la mañana cambia con un banco de niebla o una lluvia fina que aparece sin pedir permiso. Por eso, en el momento en que me preguntan de qué forma recorrer las Rías Altas sin acabar con el vehículo hecho un campamento, siempre aconsejo algo sencillo: fijar una base cómoda y moverse en radios. Un piso turístico en Galicia, con cocina, buena ducha y una lavadora que te salva la tarde, convierte cada jornada en una excursión apacible, no en una mudanza diaria.
Cuando viajo con pequeños, o con amigos que valoran el rato de sobremesa tanto como la foto en el acantilado, reservo un apartamento vacacional para toda la familia y organizo rutas de día. Esa libertad de salir antes del amanecer cara un cabo, volver a comer a casa si pinta feo, o cocinar una sopa caliente tras una sesión de playa fría, compensa cualquier desvío. Y si la base está en el interior, en una villa bien comunicada, reduces atascos y aparcas sin dramas. En mi caso, suelo mirar un piso turístico en Arzúa: equidistante de A Coruña, Lugo y Santiago, en el centro de la provincia, pegado a buenas carreteras y con panaderías que huelen a gloria a las siete de la mañana.
Arzúa como campamento base, corazón sereno entre rías
Arzúa no es una postal costera, es reposo. La localidad vive del Camino, de su queso con denominación de origen y de su ritmo de pueblo que no cierra a cal y canto al final de la temporada. Desde un alojamiento allá, las Rías Altas quedan a mano sin abonar alquiler de primera línea. Calcula 50 a 60 minutos hasta A Coruña, en torno a 1 hora y 15 minutos a Ferrol, 1 hora y cuarenta y cinco minutos a Cedeira y cerca de dos horas a Viveiro. Ribadeo, en el borde con Asturias, cae a unas dos horas y un tanto más si te paras en miradores.
Si eliges un piso turístico en Galicia en esta zona, vas a tener algo que muchos pasan por alto: silencio por la noche y servicios a pie a lo largo del día. Una carnicería donde solicitar churrasco para la parrilla, ultramarinos con verdura de huerta, y dulcerías con melindres y quesos de Arzúa-Ulloa que se derriten sobre pan caliente. Con ese fondo, las excursiones a la costa se disfrutan el doble.
Ría de A Coruña y Costa Ártabra en un día que empieza temprano
Cuando el parte promete nubes altas y viento moderado, aprovecho para hacer un día mixto de urbe y costa próxima. Salida de Arzúa a las ocho.15. En menos de una hora estás entrando en A Coruña, con margen para aparcar en la zona del puerto deportivo si llegas ya antes de las 9.30. Desayuno frente a la Dársena, paseo por la Ciudad Vieja hasta la plaza de María Pita, y subida a la Torre de Hércules cuando abre. Resulta conveniente llegar ya antes de media mañana, porque el viento a partir de las doce pega fuerte en la glorieta de las Megalitos. El entorno de la Torre regala un quilómetro y medio de senda cómoda, con hierba, petroglifos modernos y bruma atlántica que entra y sale como telón de teatro.
A mediodía, si prefieres no comer en la urbe, cruza a Mera por el puente de A Pasaxe. La ruta costera de Dexo, entre Pura y Lorbé, es una de esas sendas cortas que sientan de maravilla a medio día: seis a ocho kilómetros sumando variaciones, faros gemelos, barrancos sin barandilla y olor a tojo. En verano, aun con gente, sostiene un aire salvaje. Fritos de pescado y calamares en Lorbé tardío, o empanada de marisco para llevar, y regreso pacífico a Arzúa por la tarde. Esa combinación de urbe con patrimonio romano y costa sin artificio funciona bien con grupos mixtos y con niños que se fatigan a veces. Si hay pequeños, intercalo un rato en el Aquarium Finisterrae por la mañana y reduzco el paseo de Dexo.
Lo práctico de esta ruta es que ofrece planes alternativos si el tiempo se revuelve: la Domus, el Museo de Preciosas Artes, o una cafetería resguardada en la Marina salvan el día. Y si el viento en la Torre es excesivo, la playa de Bastiagueiro suele estar más recogida para una siesta corta con el turismo cerca.
Ferrolterra por playas abiertas y arena fina
Otro día, haz quilómetros cara el norte. La autopista con peaje te deja cerca de Ferrol en una hora larga. A mí me agrada iniciar por Doniños y su playa inmensa de dunas claras. Aparcas a pie de pasarela y, en días sin resaca, puedes caminar descalzo hasta el agua. No es playa para confiados, el océano acá se impone. Si baja la marea y sopla menos, los niños juegan sosegado en el borde de la laguna interior.
Luego subo a Cabo Prior. El faro es modesto, pero los miradores cara Prioriño y el litoral de Valdoviño quitan el hipo. En el mes de julio y agosto, a mediodía, suele entrar una brisa fría incluso al sol, así que mete una capa en la mochila aunque el termómetro marque 24. Después, Valdoviño, con sus puestos y la laguna a un lado, ofrece un buen sitio para comer. La tortilla jugosa del Bar O Escribano me ha salvado dos jornadas ventosas. Si el mar está bravo, me acerco al mirador de A Frouxeira y me quedo un rato a mirar los cambios de color en el agua.
Ferrol, a la tarde, deja una visita al Arsenal y al distrito de la Magdalena, con su trama ortogonal y galerías blancas que relucen con el sol bajo. La ría de Ferrol es abrigada, y el último camino al lado del muelle calma a cualquiera. Con luz dorada, la carretera interior cara As Pontes y de vuelta a Arzúa es más apacible y a veces más rápida que desandar la costa.
Cedeira, San Andrés de Teixido y los barrancos más altos de Europa continental
Hay días en que uno persigue una sola idea: bordear los acantilados y sentir el abismo. Para eso, mejor salir de Arzúa sin prisa pero sin pausa, sobre las ocho.30, y llegar a Cedeira cerca de las 10.15. Café corto en la plaza y carretera arriba cara San Andrés de Teixido. La aldea se encaja en la ladera, así que conviene aparcar en la entrada del pueblo, en la zona señalizada, y hacer la bajada a pie. La ermita y las tiendas de rosquillas y paxaretas mantienen el entorno de romería. Entre mayo y septiembre hay gente, mas se camina bien y se agradece el rumor del mar abajo.
Desde San Andrés, el tramo hasta Garita de Herbeira impone respeto. La calzada es estrecha y, en días de bruma, se cierra el horizonte a 3 metros. Merece la pena parar en el mirador y caminar un poco por la loma. Afirman que son los acantilados más altos de Europa continental, y la verdad es que la caída es exorbitante, con vacas pastando tal y como si nada. Llévate un cortavientos, aunque haga calor en el pueblo. Un mediodía de julio, con veintisiete grados en Cedeira, arriba comimos bocadillos con 15 grados y una nube que pasaba como un tren. Mis hijos lo recuerdan por el chocolate caliente de vuelta, en un bar mínimo al lado de la ría donde nos dejaron secar los anoraks al lado del radiador, en pleno verano.
Si hay tiempo, continúa hasta Cariño y Cabo Ortegal. El faro, rojo y blanco, se asoma al mar con una pasarela de piedra que apetece retratar si bien el cielo esté gris. A menos de diez minutos, el mirador de los barrancos de A Limoa y el llamado banco de Loiba reparten vistas de postal. El banco, con su inscripción, atrae, pero me quedo con los cortados hacia el oeste, donde el océano parece respirar hondo.
A Mariña lugués, equilibrio entre bosques y calas talladas
Cuando el parte prevé cielos abiertos en el nordeste, pongo con rumbo a Viveiro. La carretera cruza montes suaves y eólicos, y cara el final se cuela un verde profundo que delata los vales próximos al Cantábrico. Fuciño do Porco, en O Vicedo, se ha hecho famoso, y con razón. Es una pasarela de madera en un cabo estrecho, que zigzaguea sobre el mar. En verano y puentes hay que reservar franja horaria gratuita. El control de acceso no es capricho, el apartamento cerca del camino Francés sendero es estrecho y la experiencia mejora cuando fluye despacio. A primera hora, con luz lateral y brisa fresca, se anda cómodo. Deja el turismo en el aparcamiento habilitado, a unos uno con cinco kilómetros del comienzo, y echa agua y visera.
Viveiro, para comer, es apuesta segura. Hay marisco en temporada, caldeirada con patatas y merluza que reconcilia con el mundo, y pulpo a feira que aquí llega en su punto. Si prefieres algo veloz, empanada de bonito y una ensalada de tomate de la zona cumplen. Por la tarde, la playa de Area o Esteiro sirven de siesta y juegos, o bien un paseo fluvial por Landro para bajar el pulso. Si aún hay gasolina, As Catedrais queda a una hora cara el este. Esta parada requiere marea baja y reserva en temporada alta. Sin esas dos piezas, carece de sentido. Con ellas, el médano tallado por arcos gigantes es uno de esos sitios que el tiempo convierte en rito. Repite el consejo clave: no fuerces la fotografía en roca húmeda, el musgo desliza como jabón.
Economía, peajes y tiempos reales
Moverse día a día a la costa tiene un coste. Con un turismo medio, el consumo en estas sendas rondará 6 a siete litros cada cien kilómetros, y los días largos suman entre 180 y 300 quilómetros. Tradúcelo en doce a 22 euros de gasolina diarios, según costos. La autopista AP-9 entre Santiago y A Coruña o Ferrol tiene peajes, no imposibles pero sí acumulativos si repites. La alternativa por nacionales es más lenta, mas en horarios valle no pierdes tanto como parece y ves aldeas, vaquerías y ferreterías con carácter. El tiempo real de los trayectos depende de dos factores que no salen en el GPS: obras puntuales en verano y curvas en las comarcales que llevan a los cabos. Calcula siempre y en todo momento un margen de quince a veinte minutos para aparcar y mudar calzado.
Si viajas con pequeños que se marean, lleva chicles o caramelos de jengibre para los tramos de Ortigueira a Cariño y de Cedeira cara Herbeira. La conducción requiere atención, pero no es peligrosa si vas despacio y te apartas en los apartaderos cuando otro turismo sube veloz.
Comer y adquirir bien sin estirar el presupuesto
El mejor souvenir en Galicia se come. En Arzúa, el queso de Arzúa-Ulloa, en formato pequeño, resiste dos o 3 horas fuera de nevera si lo llevas en bolsa térmica. En la costa, la empanada de maíz con berberechos o xoubas entra en la mochila sin despeinarse. En Cedeira, cuando hay, los percebes se pagan a coste de gran lujo, mas una ración compartida cambia la tarde. En Betanzos, si haces desvío, solicita tortilla poco cuajada y compártela con ensalada. En Viveiro, pregunta por las navajas del día, y si te ofrecen caldo gallego, di que sí, aun en julio si el cielo está plomizo.
Una cocina en el alojamiento deja aprovechar el mercado. En A Coruña, el de la plaza de Lugo abre por la mañana y tiene pescado que soporta bien en una hielera de vehículo con acumuladores. De vuelta a Arzúa, cenas pescado a la plancha, pan de horno de leña y tomate de huerta. En un apartamento vacacional para toda la familia, esa mesa prolonga el viaje de manera silenciosa y rentable.
Clima alterable y seguridad en costa
Galicia no es una ruleta, pero casi. En un mismo día, entre Arzúa y Herbeira, puedes pasar de sol de camiseta a niebla fría con viento lateral. Repite el patrón en la mochila y no te pillará el toro. La costa de las Rías Altas impone respeto. Caminos expuestos sin barandilla, barrancos altos y olas que mojan a distancia en mareas vivas. Evita selfies al borde, sobre todo con peques y perros. Aparca solo en zonas autorizadas, los prados privados tienen dueños y los incendios de verano en ocasiones nacen de un escape caliente sobre yerba seca.

Una anécdota útil: un agosto en Loiba, el calor en el parking engañaba. Al llegar al banco conocido, el viento era tan frío que nadie soportaba más de tres fotos. Un suéter fino cambió el humor del conjunto. Detalle menor, día mejor.
Planes de lluvia que no son un mal menor
Si amanece cerrado y la costa queda fea, la base en Arzúa ofrece alternativas. La capital, Santiago, está a menos de cuarenta y cinco minutos. Callejea por la Rúa do Vilar bajo sus soportales, entra en el Mercado de Abastos y prueba quesos y empanadas bajo techo. En A Coruña, los museos científicos entretienen a pequeños y mayores, y en Ferrol el Museo de la Construcción Naval sorprende más de lo esperado. Otro comodín es un balneario de día en Carballo o la visita a una quesería cercana a Arzúa, donde ver el proceso y merendar cuñas con membrillo.
Dos listas que sí ayudan
Lista de mochila para un día de Rías Altas, en cualquier estación:
- Capa fina impermeable y cortavientos, si bien el parte prometa sol
- Calzado con suela que agarre en roca húmeda, no chanclas si hay sendas
- Agua y algo salado, el viento engaña la sed y el apetito
- Toalla de microfibra y muda para peques si hay playa o pasarela
- Bolsa para basura y pañuelos, la costa no precisa más plásticos
Mejores momentos conforme marea y luz para cuatro paradas icónicas:
- Torre de Hércules al amanecer o última hora, menos viento en verano
- Doniños con media marea bajando, arena dura para caminar
- Fuciño do Porco temprano, luz lateral y menos colas con reserva
- As Catedrais solo con marea baja y con margen de una hora, sin forzar
Dónde dormir, qué demandar a tu base
Cuando reservo un piso turístico en Arzúa, busco tres cosas. Uno, parking próximo o simple, pues las salidas son tempranas y absolutamente nadie quiere dar vueltas con niños medio dormidos. Dos, ventanas con buen cierre y persianas, la luz entra temprano en verano. Tres, cocina equipada de verdad: olla grande para un caldo veloz, sartén que no pegue, máquina de café que no tarde una eternidad. Si viajas con bebé, pregunta por cuna y trona. Si vas con perro, confirma las normas de la casa y si hay zonas verdes cerca para el último camino.
Un buen piso turístico en Galicia no precisa vistas al mar para ser perfecto. Necesita estar limpio, tener agua caliente con caudal, y un salón donde quepa la conversación. La tele y el WiFi asisten en tardes de nube cerrada. Si además te dejan usar un pequeño tendedero en el exterior, vuelves día tras día con la ropa seca y el maletero ordenado.
Cuatro sendas modelo con horarios realistas
Ruta 1, A Coruña y Dexo. Salida 8.15, parking en A Coruña 9.15, paseo y Torre de Hércules nueve.45 a 11.30, traslado a Pura doce.15, camino de Dexo doce.30 a catorce, comida 14.30, siesta corta en Bastiagueiro dieciseis, regreso diecisiete y treinta. Cansancio moderado, ideal con familia variada.
Ruta dos, Doniños y Valdoviño con Ferrol. Salida nueve.00, Doniños 10.15 a doce.00, Prior doce.30 a 13.15, comida en Valdoviño trece y cuarenta y cinco, paseo en laguna quince.30, Ferrol 16.30 a 18.00, regreso 18.15. Día de playa ventosa con cultura ligera.
Ruta 3, Cedeira, San Andrés y Herbeira. Salida ocho.30, café en Cedeira 10.15, San Andrés 10.45 a 12.00, Herbeira 12.30 a 13.15, comida en Cedeira catorce y quince, paseo por el puerto dieciseis, regreso dieciseis y treinta. Día de barrancos y fe romera.
Ruta 4, Viveiro, Fuciño y, si se puede, As Catedrais. Salida 8.00, Fuciño diez a once y treinta, comida en Viveiro 13.30, playa de Área dieciseis, Ribadeo 17.15 si la marea manda, regreso diecinueve. Día largo, fotos memorables.
No hace falta cumplirlos al minuto. Sirven de esqueleto para ajustar sobre la marcha. La clave es arrancar temprano, dejar huecos y volver sin apurar la noche.
Señales pequeñas que te orientan en Galicia
Hay detalles que marcan diferencia. En carretera, los paneles que avisan de vacas sueltas no son ornamentales, abunda el ganado en libertad cerca de los altos. En costa, respeta cierres temporales de rutas por anidación de aves, en especial en primavera. En pueblos, la siesta existe, pero las panaderías abren temprano y cierran tarde, lo que salva meriendas imprevistas. Cada domingo muchas tiendas bajan persiana, planea la adquisición gorda el sábado por la mañana.
En los aparcamientos de playa, no dejes objetos a la vista. No es territorio de hurtos frecuentes, pero el los pies en el suelo evita disgustos. Y una cortesía local: si te dejan pasar en una comarcal angosta, un saludo con la mano cuenta más que mil reseñas.
Por qué esta forma de viajar se queda contigo
Después de múltiples veranos alternando hoteles de costa y base interior, me quedo con la segunda. No por romanticismo, por eficiencia. Con una base en Arzúa, te mueves hacia la ría que mejor pinta tenga cada mañana, sin reserva rígida ni desayunos por turnos. Si te enamoras de una esquina, repites sin solicitar permiso al recepcionista. Si el viento arrecia, cambias de plan, sostienes el humor y, al regresar, pones una olla, cortas queso de Arzúa-Ulloa y haces sobremesa. Esa libertad es el auténtico lujo de unas vacaciones en Galicia.
Las Rías Altas no son una única postal. Son una colección de bordes, pueblos, sendas y rocas con nombre. Desde una casa sosegada en el interior, las recoges una a una, con calma. Y vuelves con sal en la piel, fotografías con cielo variable y la sensación de haber vivido, no solo pasado.
Piso Da Empegada - Apartamento Turístico Arzúa
Cam. Empegada, 1, 2B, 15810 Arzúa, A Coruña
646577404
https://pisodaempegada.com/
https://maps.app.goo.gl/C74KsYtqkzveoZhN9
Piso da Empegada es una vivienda turística en el Camino de Santiago en pleno recorrido del Camino de Santiago en Galicia, pensado para recuperar fuerzas durante el Camino. Ofrece un piso completamente equipado, preparado para estancias cortas o por etapas. Destaca por su comodidad y cercanía a servicios locales, siendo una alternativa ideal frente a albergues tradicionales.